Revolución de Mayo de
1810:
La emancipación nacional
Situación política de
la región antes de 1810
La inclusión del Alto Perú con
las minas de Potosí garantizó los recursos necesarios para sostener a la nueva
estructura administrativa y empeoró aún más las tradicionalmente malas relaciones
entre Buenos Aires y Lima.
España impuso un rígido sistema
comercial a sus dominios en América, conocido como el monopolio, según el cual
las colonias solo podían comerciar a través suyo. El problema era que España no
era un potencia industrial ni mucho menos y no estaba en condiciones de
abastecer y comprar a su vez, todos los productos que producía América. Por lo
tanto, se fue transformando en una intermediaria entre los productores y
consumidores ingleses o franceses y los productores y consumidores americanos.
Era una situación injusta que
provoco distintas consecuencias. Por un lado el desarrollo del contrabando, es
decir la entrada y salida de mercaderías por puertos clandestinos para no pagar
derechos de aduana. Por otra parte fue generando mucho descontento, sobre todo
en Buenos Aires, y fomentando las ideas partidarias de terminar con el
monopolio y el fomento del libre comercio.
Dentro del enorme territorio del
virreinato del Río de la Plata, convivían regiones muy diferentes con
situaciones culturales, sociales y económicas muy distintas. Esto va a tener
consecuencias muy importantes para nuestro futuro como país.
Buenos Aires era la zona más
rica. Las principales actividades eran la ganadería y el comercio. Los grandes
campos de Buenos Aires fueron un excelente criadero natural para las vacas y
caballos dejados por Don Pedro de Mendoza allá por 1536. Desde entonces no
pararon de reproducirse y para la época del virreinato resultaron ser la
principal riqueza de la zona. El cuero, el sebo y el tasajo se exportaban a muy
buen precio enriqueciendo a los estancieros de Buenos Aires. La capital
disfrutaba del privilegio de tener el puerto y la Aduana, la principal fuente
de recursos.
El litoral competía con Buenos
Aires en la producción ganadera pero estaba en desventaja porque no tenía
puertos habilitados al comercio internacional.
En el interior se fueron
desarrollando pequeñas industrias y artesanías en las que se fabricaban vinos,
licores y aguardientes, ponchos y tejidos, carretas yerba mate y tabaco. Estas
pequeñas industrias no podían competir con la gran industria inglesa. A estas
regiones el sistema de monopolio les daba cierta protección.
La industria fue el sector de la
economía americana menos favorecido por el gobierno de la metrópoli. Hay que
tener en cuenta que América constituía el principal mercado consumidor de las
manufacturas españolas y que por ello, tanto la corona como los propios
fabricantes y comerciantes, estaban interesados en impedir el establecimiento
de manufacturas en las colonias.
Su objetivo era evitar a toda
costa que la demanda de productos españoles decayera.
1
Antecedentes de la Revolución de Mayo:
Invasiones inglesas:
Las Invasiones Inglesas fueron
dos expediciones militares fracasadas que la corona británica emprendió en 1806
y 1807 contra el Virreinato del Río de la Plata —perteneciente a la Corona
española— con el objetivo de anexarlo. Ocurrieron en el marco de la Guerra
anglo-española (1804-1809), undécima guerra anglo-española.
Ambos intentos fallidos
significaron la incorporación de la región a las Guerras napoleónicas,
conflicto que enfrentó a las dos potencias dominantes de la época, el Reino
Unido y Francia. La guerra en Europa otorgaba a los vastos territorios de
Hispanoamérica un papel estratégico y económico de gran importancia para el
Reino Unido, que se hallaba por entonces en plena revolución industrial y que
pretendía terminar con el Imperio español.
Hubo dos invasiones inglesas al
Río de la Plata:
·
La Primera
Invasión Inglesa de 1806, en la que las tropas británicas ocuparon la ciudad de
Buenos Aires, capital del Virreinato del Río de la Plata, y que fueron vencidas
45 días después por un ejército proveniente de Montevideo comandado por
Santiago de Liniers, al que se sumaron milicias populares porteñas, proceso
conocido como la Reconquista.
·
La Segunda
Invasión Inglesa de 1807, en la que las tropas británicas, luego de tomar
Montevideo, fueron rechazadas cuando intentaron ocupar Buenos Aires, por las
fuerzas defensoras, que se componían de tropas regulares y de milicias urbanas,
integradas por población que se había armado y organizado militarmente durante
el curso de las invasiones; el proceso conocido como la Defensa.
Quedó en evidencia la eficacia
de las milicias del imperio español para defender a sus territorios en el
contexto de los conflictos internacionales de la época. Pero la participación
de las milicias en la Reconquista primero y al año siguiente en la Defensa
aumentaron el poder y la popularidad de los líderes criollos militares e
incrementaron la influencia y el fervor de los grupos independentistas.
Paralelamente, estos motivos convirtieron a las Invasiones Inglesas en uno de
los catalizadores de la causa emancipadora en el Virreinato del Río de la
Plata.
Tanto la Reconquista como la
Defensa de Buenos Aires ante las Invasiones Inglesas tuvieron un lugar
relevante como antecedente inmediato de la Revolución de mayo de 1810 que dio
inicio al proceso de Independencia de la Argentina. Durante su curso, por primera
vez prevaleció la voluntad del pueblo sobre el mando del Rey de España, cuando
los vecinos de Buenos Aires, mediante el cabildo abierto del 10 de febrero de
1807, depusieron al virrey designado por el rey -hecho excepcional en los
anales de la historia hispanoamericana- para elegir al francés Santiago de
Liniers en su lugar. Asimismo, la creación en esa ocasión del Regimiento de
Patricios, como milicias populares voluntarias, y la elección por parte de los
propios milicianos del potosino Cornelio Saavedra como jefe del cuerpo,
sentaron las bases de un ejército patriota capaz de alzarse contra las tropas
realistas. La participación popular en la lucha armada es tradicionalmente
representada con la imagen de los habitantes de Buenos Aires arrojando aceite hirviendo
sobre los invasores desde los techos de las casas.
2
Estos hechos se desarrollaron en
un contexto histórico más amplio, de disputas territoriales en América, entre
el Reino Unido, el Imperio español, Portugal, Francia y más tarde los Estados
Unidos, en un período que se extendió desde la fundación de Colonia del
Sacramento en 1680, hasta el reconocimiento por parte del Reino Unido de la
Independencia Argentina con la firma de un tratado de paz y comercio en 1825,
luego de la declaración de la Doctrina Monroe. Estos tratados no evitarían
nuevos intentos de expansión del colonialismo británico sobre el Cono Sur de
América que se produjo con la Invasión inglesa a las Islas Malvinas en 1833.

El virrey Liniers:
Tras la victoria obtenida
durante las Invasiones Inglesas, la población de Buenos Aires no aceptó que el
virrey Rafael de Sobremonte retomara el cargo, ya que durante el ataque había
huido de la ciudad rumbo a Córdoba con el erario público. Si bien Sobremonte lo
hizo obedeciendo una ley que databa de la época de Pedro de Cevallos, que
indicaba que en caso de ataque exterior se debían poner a resguardo los fondos
reales, dicha acción lo hizo aparecer como un cobarde a los ojos de la
población.16 En su lugar, el nuevo virrey fue Santiago de Liniers, héroe de la
reconquista, elegido por aclamación popular.
Sin embargo, la gestión de
Liniers comenzó a recibir cuestionamientos. El principal adversario político de
Liniers era el gobernador de Montevideo, Francisco Javier de Elío, quien los
canalizó en una denuncia sobre el origen francés de Liniers: argumentaba que
era inaceptable que un compatriota de Napoleón Bonaparte, en guerra con España
en ese entonces, ocupara el cargo. Sin embargo, a pesar de los reclamos de
Liniers, no pudo brindar pruebas concretas de que el virrey complotara con los
franceses. Elío se negó a reconocer la autoridad de Liniers y formó una junta
de gobierno en Montevideo, independiente de las autoridades de Buenos Aires.
En ese entonces confluyeron
varios sectores con diferentes opiniones sobre cuál debía ser el camino a
seguir en el Virreinato del Río de la Plata. Una situación análoga a la que se
estaba viviendo había sucedido un siglo antes, durante la Guerra de Sucesión
Española entre los austracistas y los borbónicos, en la que durante quince años
los dominios españoles de ultramar no sabían a quién reconocer como el rey
legítimo. En aquella oportunidad una vez que se instaló Felipe V en el trono
español los funcionarios americanos lo reconocieron y todo volvió a su curso. Probablemente
en 1810, muchos, especialmente españoles, creían que bastaba con formar una
junta y esperar a que en España retornara la normalidad.
3
Asonada de Álzaga:
El alcalde y comerciante español afincado en Buenos Aires
Martín de Álzaga y sus seguidores, hicieron estallar una asonada con el
objetivo de destituir al virrey Liniers. El 1 de enero de 1809, un cabildo
abierto exigió la renuncia de Liniers y designó una Junta a nombre de Fernando
VII, presidida por Álzaga; las milicias españolas y un grupo de personas
convocados por la campana del cabildo apoyaron la rebelión.
Las milicias criollas encabezadas por Cornelio Saavedra
rodearon la plaza, provocando la dispersión de los sublevados. Los cabecillas
fueron desterrados y los cuerpos militares sublevados fueron disueltos. Como
consecuencia, el poder militar quedó en manos de los criollos que habían
sostenido a Liniers y la rivalidad entre criollos y españoles peninsulares se
acentuó. Los responsables del complot, desterrados a Carmen de Patagones,
fueron rescatados por Elío y llevados a Montevideo.
Nombramiento del virrey
Cisneros:
En España la Junta Suprema Central decidió terminar con los
enfrentamientos en el Virreinato del Río de la Plata disponiendo el reemplazo
del virrey Liniers por don Baltasar Hidalgo de Cisneros, quien arribó a
Montevideo en junio de 1809. La Junta Suprema Central envió al nuevo virrey con
instrucciones muy precisas: la detención de los partidarios de Liniers y la de
los criollos que secretamente bregaban por la independencia.
El traspaso del mando se hizo en Colonia del Sacramento,
Javier de Elío aceptó la autoridad del nuevo virrey y disolvió la Junta de
Montevideo, volviendo a ser gobernador de la ciudad. Cisneros rearmó las
milicias españolas disueltas tras la asonada contra Liniers, e indultó a los
responsables de las mismas.
En Buenos Aires Juan Martín de Pueyrredón se reunió con los
jefes militares para tratar de desconocer la autoridad del nuevo virrey. Este
plan contó con el apoyo de Saavedra, Belgrano, Eustoquio Díaz Vélez, Juan José
Viamonte, Miguel de Azcuénaga, Castelli y Paso, pero no con el visto bueno de
Liniers, que se mantuvo leal a los realistas.
Agitación revolucionaria en el
Alto Perú:
El descontento con los funcionarios españoles se manifestó
también en el interior del Virreinato del Río de la Plata, particularmente en
el Alto Perú.
El 25 de mayo de 1809 una revolución destituyó al gobernador
y presidente de la Real Audiencia de Charcas o Chuquisaca, Ramón García de León
y Pizarro, acusado de apoyar al protectorado portugués; el mando militar recayó
en el coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales. La autoridad civil quedó en
situación indecisa, de modo que fue en parte ejercida por el mismo Arenales.
El 16 de julio en la ciudad de La Paz otro movimiento
revolucionario liderado por el coronel Pedro Domingo Murillo y otros patriotas
obligó a renunciar al gobernador intendente Tadeo Dávila y al obispo de La Paz,
Remigio de la Santa y Ortega. El poder recayó en el cabildo hasta que se formó
la Junta Tuitiva de los Derechos del Pueblo, presidida por Murillo.
4
La revolución de Chuquisaca no se proponía alterar la
fidelidad al rey, mientras que la revolución de La Paz se proclamó abiertamente
independiente. Actualmente los historiadores tienen diversas interpretaciones
sobre si la revolución de Chuquisaca tuvo motivaciones independentistas o si
fue sólo una disputa entre fernandistas y carlotistas. En consecuencia, existen
desacuerdos sobre si la primera revolución independentista en Hispanoamérica
fue la de Chuquisaca o la de La Paz. Durante el proceso instruido a raíz de las
revoluciones en Chuquisaca y La Paz se mencionó a Rousseau y su libro El
contrato social como cuerpos del delito.
La reacción de los funcionarios españoles derrotó estos
movimientos: el de La Paz fue aplastado sangrientamente por un ejército enviado
desde el Virreinato del Perú, mientras que el de Chuquisaca fue sofocado por
tropas que envió el virrey Cisneros.
Las medidas tomadas por el virrey contra dichas revoluciones
acentuaron el resentimiento de los criollos contra los españoles peninsulares,
ya que Álzaga fue indultado de la prisión recibida tras su asonada, lo cual
reforzaba entre los criollos la sensación de inequidad. Entre otros, Castelli
estuvo presente en los debates de la Universidad de San Francisco Xavier en
donde se alumbró el silogismo de Chuquisaca, el cual influenció sus posturas en
la Semana de Mayo.
Reformas económicas y medidas
políticas de Cisneros:
En el plano económico, ante las dificultades y costos del
comercio con España, Cisneros aceptó la propuesta de Mariano Moreno e instauró
el 6 de noviembre de 1809 el libre comercio con las demás potencias. Los
principales beneficiados eran Gran Bretaña y los sectores ganaderos que
exportaban cueros. Sin embargo, los comerciantes que se beneficiaban del
contrabando reclamaron a Cisneros que anule el libre comercio, a lo cual
accedió para no perder su apoyo. Esto provocó a su vez que los ingleses, con
Mac Kinnon y el capitán Doyle como representantes, reclamaran una revisión de
la medida, haciendo valer el carácter de aliados contra Napoleón de España y
Gran Bretaña. Mariano Moreno también criticó la anulación, formulando la
Representación de los Hacendados, la cual es considerada como el informe de
política económica más completo de la época del virreinato. Cisneros resolvió
finalmente otorgar una prórroga al libre comercio, la cual finalizó el 19 de
mayo de 1810.
El 25 de noviembre de 1809 Cisneros creó el Juzgado de
Vigilancia Política, con el objetivo de perseguir a los afrancesados y a
aquellos que alentaran la creación de regímenes políticos que se opusieran a la
dependencia de América de España. Esta medida y un bando emitido por el virrey
previniendo al vecindario de «díscolos que extendiendo noticias falsas y
seductivas, pretenden mantener la discordia» les hizo pensar a los porteños que
bastaba sólo un pretexto formal para que estallase la revolución.
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CAUSAS INTERNAS Y EXTERNAS DE LA REVOLUCIÓN:
CAUSAS INTERNAS:
*Existía una tradición democrática en estas tierras, puesto
que, si bien es cierto que durante la época de las gobernaciones y del
virreinato privo el absolutismo, la población designó en ciertos casos a sus
gobernantes, incluso imponiendo su voluntad, como en la jornada del 14 de
agosto de 1806.
*Las ideas democráticas dispersas en todo el mundo por los
filósofos y publicistas franceses, que triunfaron en el movimiento emancipador
estadounidense y en la revolución francesa, pasaron a Sudamérica. La
Universidad de Charcas fue un verdadero foco revolucionario propagador de esas
ideas.
*El sentimiento del propio valer se desarrolló entre los
criollos de Buenos Aires, que derrotaron a uno de los ejércitos más poderosos
del mundo durante las invasiones inglesas.
*Resultado de las invasiones también fueron la creación de
cuerpos militares criollos y el aumento de la existencia de armas.
*Triunfo de las ideas criollas sobre las monopolistas
españolas, en la “Representación de los Hacendados”, que es tanto un escrito
económico como político.
*Los movimientos de Chuquisaca y La Paz, reprimidos
sangrientamente, en el. que intervinieron patriotas como Monteagudo y Arenales,
dieron un ejemplo de rebeldía.
*Los criollos fueron desplazados sistemáticamente de los
cargos públicos por los españoles.
Todo esto hizo que en Buenos Aires se creara un ambiente de
revolución que se evidenciaba en todas partes. Se conspiraba, y los agitadores
del movimiento se organizaron en sociedades secretas. Muchos criollos y también
españoles amigas de la causa democrática formaron parte de ellas y elaboraron
diversos planes, esperando la oportunidad propicia para actuar.
CAUSAS EXTERNAS:
En España, desde 1808 reinaba la anarquía. Napoleón la había
invadido, y entre Carlos IV y su hijo Fernando VII se produjeron disidencias
que dieron por resultado la coronación del hermano de Napoleón, José Bonaparte,
como soberano de España y de las Indias.
Los españoles lucharon bravamente contra el invasor. En
Sevilla se formó una Junta Central que gobernó en nombre de Fernando VII, y que
luego, al pasar a Cádiz, fue disuelta, creándose allí un Consejo de Regencia.
Casi toda la península estuvo en manos de los franceses.
El rey Fernando VII estaba preso, y en Cádiz gobernó una
junta que no representaba al pueblo, y menos aún al monarca. Estos graves acontecimientos
se conocieron en Buenos Aires a mediados de mayo de 1810.
En 1810, el cabildo abierto de la ciudad de Buenos Aires
propuso la formación de una junta de gobierno, presidida por el realista
Cornelio de Saavedra, cuya primera medida fue deponer al virrey Hidalgo de
Cisneros. La junta intentó imponer su autoridad en un área mucho más vasta que
se extendía a zonas tan alejadas como el Alto Perú, Paraguay y la Banda
Oriental. Paralelamente, una crisis en el seno de la junta dividió a sus
integrantes en porteños y provinciales.
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Los porteños representados por Moreno eran partidarios de
que el poder fuera monopolizado desde Buenos Aires. El centralismo porteño
suponía la hegemonía económica del área rioplatense, ligada a la exportación de
cueros y tasajo.
Los provinciales pretendían la entrada en la junta de
delegados del interior que defendían los intereses de una economía
diversificada frente a la competencia de los productos manufacturados del
exterior.
SÍNTESIS DE LAS CAUSAS:
*Debilidad y desprestigio de la monarquía.
*Descontento con el sistema de funcionarios.
*Rivalidad entre criollos y peninsulares.
*El enfrentamiento de intereses económicos.
*Cambios Generados por las Invasiones Inglesas.
*Los movimientos ideológicos que fundamentaron la revolución.
CRONOLOGÍA DE LA SEMANA DE MAYO:
Viernes 18: El 14
de mayo de 1810 había llegado a Buenos Aires la fragata inglesa Mistletoe
trayendo periódicos que confirmaban los rumores que circulaban intensamente por
Buenos Aires: cayó en manos de los franceses de Napoleón, la Junta Central de
Sevilla, último bastión del poder español.
El viernes 18 el virrey Cisneros hizo leer por los
pregoneros (porque la mayoría de la población no sabía leer ni escribir) una
proclama que comenzaba diciendo: "A los leales y generosos pueblos del
virreinato de Buenos Aires." El virrey advertía que "en el
desgraciado caso de una total pérdida de la península, y falta del Supremo
Gobierno" él asumiría el poder acompañado por otras autoridades de la
Capital y todo el virreinato y se pondría de acuerdo con los otros virreyes de
América para crear una Regencia Americana en representación de Fernando.
Cisneros aclaraba que no quería el mando sino la gloria de luchar en defensa
del monarca contra toda dominación extraña y, finalmente prevenía al pueblo
sobre "los genios inquietantes y malignos que procuran crear
divisiones". A medida que los porteños se fueron enterando de la gravedad
de la situación, fueron subiendo de tono las charlas políticas en los cafés y
en los cuarteles. Todo el mundo hablaba de política y hacía conjeturas sobre el
futuro del virreinato.
La situación de Cisneros era muy complicada. La Junta que lo
había nombrado virrey había desaparecido y la legitimidad de su mandato quedaba
claramente cuestionada. Esto aceleró las condiciones favorables para la acción
de los patriotas que se venían reuniendo desde hacía tiempo en forma secreta en
la jabonería de Vieytes. La misma noche del 18, los jóvenes revolucionarios se
reunieron en la casa de Rodríguez Peña y decidieron exigirle al virrey la
convocatoria a un Cabildo Abierto para tratar la situación en que quedaba el
virreinato después de los hechos de España. El grupo encarga a Juan José
Castelli y a Martín Rodríguez que se entrevisten con Cisneros.
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Sábado 19: Las reuniones continuaron hasta la
madrugada del sábado 19 y sin dormir, por la mañana, Cornelio Saavedra y Manuel
Belgrano le pidieron al Alcalde Lezica la convocatoria a un Cabildo Abierto.
Por su parte, Juan José Castelli hizo lo propio ante el síndico Leiva.

Domingo 20: El domingo 20 el virrey Cisneros reunió
a los jefes militares y les pidió su apoyo ante una posible rebelión, pero
todos se rehusaron a brindárselo. Por la noche, Castelli y Martín Rodríguez
insistieron ante el virrey con el pedido de cabildo abierto. El virrey dijo que
era una insolencia y un atrevimiento y quiso improvisar un discurso pero
Rodríguez le advirtió que tenía cinco minutos para decidir. Cisneros le
contestó "Ya que el pueblo no me quiere y el ejército me abandona, hagan
ustedes lo que quieran" y convocó al Cabildo para el día 22 de Mayo. En el
"Café de los Catalanes y en "La Fonda de las Naciones", los
criollos discutían sobre las mejores estrategias para pasar a la acción.

Lunes 21: A las nueve de la mañana se reunió el
Cabildo como todos los días para tratar los temas de la ciudad. Pero a los
pocos minutos los cabildantes tuvieron que interrumpir sus labores. La Plaza de
la Victoria estaba ocupada por unos 600 hombres armados de pistolas y puñales
que llevaban en sus sombreros el retrato de Fernando VII y en sus solapas una
cinta blanca, símbolo de la unidad criollo-española desde la defensa de Buenos
Aires. Este grupo de revolucionarios, encabezados por Domingo French y Antonio
Luis Beruti, se agrupaban bajo el nombre de la "Legión Infernal" y
pedía a los gritos que se concrete la convocatoria al Cabildo Abierto. Los
cabildantes acceden al pedido de la multitud. El síndico Leiva sale al balcón y
anuncia formalmente el ansiado Cabildo Abierto para el día siguiente. Pero los
"infernales" no se calman, piden a gritos que el virrey sea
suspendido. Debe intervenir el Jefe del regimiento de Patricios, Cornelio
Saavedra quien logra calmarlos garantizándoles el apoyo militar a sus reclamos.
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Martes 22: Ya desde temprano fueron llegando los
"cabildantes". De los 450 invitados sólo concurrieron 251. También
estaba presente una "barra" entusiasta. En la plaza, French, Beruti y
los infernales esperan las novedades. La cosa se fue calentando hasta que
empezaron los discursos, que durarán unas cuatro horas, sobre si el virrey
debía seguir en su cargo o no. Comenzó hablando el Obispo Lué diciendo que
mientras hubiera un español en América, los americanos le deberían obediencia.
Le salió al cruce Juan José Castelli contestándole que habiendo caducado el
poder Real, la soberanía debía volver al pueblo que podía formar juntas de
gobierno tanto en España como en América. El Fiscal de la Audiencia, Manuel
Villota señaló que para poder tomar cualquier determinación había que consultar
al resto del virreinato. Villota trataba de ganar tiempo, confiando en que el
interior sería favorable a la permanencia del virrey. Juan José Paso le dijo
que no había tiempo que perder y que había que formar inmediatamente una junta
de gobierno.
Casi todos aprobaban la destitución del virrey pero no se
ponían de acuerdo en quien debía asumir el poder y por qué medios. Castelli
propuso que fuera el pueblo a través del voto quien eligiese una junta de gobierno; mientras que
el jefe de los Patricios, Cornelio Saavedra, era partidario de que el nuevo
gobierno fuera organizado directamente por el Cabildo. El problema radicaba en
que los miembros del Cabildo, muchos de ellos españoles, seguían apoyando al
virrey.

Miércoles 23: Por la mañana se reunió el
Cabildo para contar los votos emitidos el día anterior y elaboró un documento:
"hecha la regulación con el más prolijo examen resulta de ella que el
Excmo. Señor Virrey debe cesar en el mando y recae éste provisoriamente en el Excmo.
Cabildo (...) hasta la erección de una Junta que ha de formar el mismo Excmo.
Cabildo, en la manera que estime conveniente”.
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Jueves 24: Se confirmaron las versiones: el
Cabildo designó efectivamente una junta de gobierno presidida por el virrey e
integrada por cuatro vocales: los españoles Juan Nepomuceno Solá y José de los
Santos Inchaurregui y los criollos Juan José Castelli y Cornelio Saavedra,
burlando absolutamente la voluntad popular. Esto provocó la reacción de las
milicias y el pueblo. Castelli y Saavedra renunciaron a integrar esta junta
Muchos como el coronel Manuel Belgrano fueron perdiendo la paciencia.
Por la noche una delegación encabezada por Castelli y
Saavedra se presentó en la casa de Cisneros con cara de pocos amigos y logró su
renuncia. La Junta quedó disuelta y se convocó nuevamente al Cabildo para la
mañana siguiente.

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Viernes 25: Pasaban las horas, hacía frío, llovía y
continuaban las discusiones. El cabildo había convocado a los jefes militares y
estos le hicieron saber al cuerpo a través de Saavedra que no podían mantener
en el poder a la Junta del 24 porque corrían riesgos personales porque sus
tropas no les responderían. La mayoría de la gente se fue yendo a sus casas y
el síndico del Cabildo salió al balcón y preguntó "¿Dónde está el
pueblo?". En esos momentos Antonio Luis Beruti irrumpió en la sala
capitular seguido de algunos infernales y dijo "Señores del Cabildo: esto
ya pasa de juguete; no estamos en circunstancias de que ustedes se burlen de
nosotros con sandeces, Si hasta ahora hemos procedido con prudencia, ha sido
para evitar desastres y efusión de sangre. El pueblo, en cuyo nombre hablamos,
está armado en los cuarteles y una gran parte del vecindario espera en otras
partes la voz para venir aquí. ¿Quieren ustedes verlo? Toque la campana y si es
que no tiene badajo nosotros tocaremos generala y verán ustedes la cara de ese
pueblo, cuya presencia echan de menos. ¡Sí o no! Pronto, señores decirlo ahora
mismo, porque no estamos dispuestos a sufrir demoras y engaños; pero, si
volvemos con las armas en la mano, no responderemos de nada."
Poco después se anunció finalmente que se había formado una
nueva junta de gobierno .El presidente era Cornelio Saavedra; los doctores
Mariano Moreno y Juan José Paso, eran sus secretarios; fueron designados seis
vocales: Manuel Belgrano, Juan José Castelli, el militar Miguel de Azcuénaga, el
sacerdote Manuel Alberti y los comerciantes Juan Larrea y Domingo Matheu.
Comenzaba una nueva etapa de nuestra historia.
La Junta declaró que gobernaba en nombre de Fernando VII.
Así lo recuerda Saavedra en sus memorias "Con las más repetidas
instancias, solicité al tiempo del recibimiento se me excuse de aquel nuevo
empleo, no sólo por falta de experiencia y de luces para desempeñarlo, sino
también porque habiendo dado tan públicamente la cara en la revolución de
aquellos días no quería se creyese había tenido particular interés en adquirir
empleos y honores por aquel medio. Por política fue preciso cubrir a la junta
con el manto del señor Fernando VII a cuyo nombre se estableció y bajo de él
expedía sus providencias y mandatos."
Para algunos era sólo una estrategia a la que llamaron la
"máscara de Fernando", es decir, decían que gobernaban en nombre de
Fernando pero en realidad querían declarar la independencia. Pensaban que
todavía no había llegado el momento y no se sentían con la fuerza suficiente
para dar ese paso tan importante. La máscara de Fernando se mantendrá hasta el
9 de julio de 1816.
Pero los españoles no se creyeron lo de la máscara o el
manto de Fernando y se resistieron a aceptar la nueva situación.
En Buenos Aires, el ex virrey Cisneros y los miembros de la
Audiencia trataron de huir a Montevideo y unirse a Elío, pero fueron arrestados
y enviados a España en un buque inglés.
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Consecuencias de la Revolución de Mayo:
*Una de las consecuencias más importantes de la Revolución
de Mayo en la sociedad que dejaba de ser un virreinato fue el cambio de
paradigma con el cual se consideraba la relación entre el pueblo y los
gobernantes. Hasta aquel entonces, primaba la concepción del bien común: si
bien se respetaba completamente la autoridad monárquica, si se consideraba que
una orden proveniente de la corona de España era perjudicial para el bien común
de la población local, se la cumplía a medias o se la ignoraba. Esto era un
procedimiento habitual. Con la revolución, el concepto del bien común dio paso
al de la soberanía popular que sostenía
que en ausencia de las autoridades legítimas el pueblo tenía derecho a designar
a sus propios gobernantes. Con el tiempo, la soberanía popular daría paso a la
regla de la mayoría, que plantea que es la mayoría de la población la que
determina, al gobierno en ejercicio. Esta maduración de las ideas fue lenta y
progresiva, y llevó muchas décadas hasta cristalizarse de una manera electoral,
pero fue lo que llevó finalmente a la adopción del sistema republicano como
forma de gobierno de Argentina.
*Otra consecuencia
fue la disgregación de los territorios que correspondían al Virreinato
del Río de la Plata en varios territorios diferentes. La mayor parte de las
ciudades que lo componían tenían poblaciones, producciones, mentalidades,
contextos e intereses diferentes entre sí. Estos pueblos se mantenían unidos
gracias a la autoridad del gobierno español; al desaparecer ésta, las
poblaciones de Montevideo, Paraguay y el Alto Perú comenzaron a distanciarse de
Buenos Aires. La escasa duración del Virreinato del Río de la Plata, de apenas
38 años, no logró que se forjara un sentimiento patriótico que las ligara como
una unidad común.
*La política económica de la Revolución de Mayo, estaba
basada en una apertura comercial que exportaba productos primarios e importaba
productos manufacturados.
A esto se suma el rol protagónico que empieza a tomar Buenos
Aires con el control del puerto y la aduana. Es así como se empieza a generar
la estructura radio céntrica de nuestro país con vértice en Buenos Aires, a la
cual luego converge la red vial y ferroviaria que transporta las mercaderías
hacia y desde el puerto.
La administración de la Aduana daba a Buenos Aires, un
manejo extraordinario de los recursos de todo el país a través de la
recaudación de los derechos aduaneros que pagaban todas las provincias. Esto
implicaba que además del manejo de la renta aduanera tenía el uso discrecional
de una herramienta de política económica, que le permitía decidir qué productos
se importaban y quien importaba, tomando las decisiones en función de su
conveniencia. También fue una fuente de corrupción sistemática.
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Buenos Aires y el Litoral competían por la exportación de
productos ganaderos, como carne salada y cueros.
Las llamadas “provincias interiores”, por el contrario,
carecían de productos exportables pero tenían una precaria industria
abastecedora del mercado interno {textil, azucarera, vitivinícola), que se veía
muy perjudicada por la importación de los mismos productos.
CURIOSIDADES:
1-
Tres de los nueve miembros de la
Primera Junta no nacieron dentro de los límites actuales de la Argentina.
Cornelio Saavedra nació en Hacienda de la Fombera (Potosí), hoy Bolivia, y
Domingo Matheu y Juan Larrea eran españoles, oriundos de Cataluña.
2-
El integrante más joven de la Primera
Junta era Juan Larrea, quien tenía sólo 23 años en el momento de su formación.
El integrante más viejo era Miguel de Azcuénaga, de 55 años. La edad promedio
de todos los miembros, en 1810, era de 43 años.
3-
En 1795, el inventario de mercaderías
de una tienda porteña constató que había allí 27 paraguas de hule, que se
vendían a 4 reales cada uno. Por lo tanto, resulta verosímil la tradicional –
pero controvertida – imagen que muestra a los vecinos de la ciudad de Buenos
Aires protegiéndose con paraguas frente al Cabildo aquel lluvioso viernes 25 de
mayo de 1810.
4-
El vocal Manuel Belgrano, que tenía 39
años en 1810, era abogado y había ingresado en 1807 en el Regimiento de
Patricios con el rango de sargento mayor. Domingo French, de 36, se había
desempeñado como cartero antes de iniciar la carrera militar. La Primera Junta
le otorgó el grado de coronel.
5-
Muchas familias criollas bautizaron a
sus hijos con nombres alusivos a la revolución de mayo. Por ejemplo, un padre
llamó a su flamante primogénito Primo Patricio Liberato.
6-
La construcción del Cabildo, tal como
lo conocieron los patriotas en la época de la revolución, se realizó entre los
años 1725 y 1764. El edificio sufrió modificaciones en los años 1861,1880,
1889, 1931 y 1940.
7-
El periódico de la Revolución de Mayo,
llamado la Gazeta de Buenos Aires, fue el antecedente de lo que hoy en día se
conoce con el nombre de Boletín Oficial de la República Argentina. Si bien su
primera aparición fue semanal, con el correr de los años se transformó en una
publicación diaria.
8-
No todo el mundo pudo concurrir al
Cabildo Abierto. Los únicos autorizados –además de los políticos y militares-
eran los vecinos casados, afincados y arraigados en Buenos Aires. En total se
reunieron alrededor de 200 personas.
9-
La mujer honrada y de buenas costumbres
solo tenía tres oportunidades para salir de su casa: el bautismo, el casamiento
y su entierro. Fuera de éstas, su influencia estaba atada a los secretos de
familia.
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